miércoles, 28 de julio de 2010

Estamos de vuelta

Hace algo más de dos años, coincidiendo con mi vuelta de mi aventura de Erasmus, fue mi última entrada en este blog.

Han sido muchas las tentaciones que he tenido de volver a escribir en él. Pero he pensado: el que quiera saber algo de mí, que me llame, y me tomo unas cañas con él y le cuento todo lo que quiera.

Ahora toca volver a resucitarlo. Porque si todo va según lo planeado, a principios de Octubre, me voy a Mexico DF; y será más difícil contar las cosas en persona.

Para ir avanzando hasta ir allí, hay que ir dando pasitos para coger carrerilla y conseguir dar el salto al otro lado del charco.
El primer paso según me han dicho el destino estaba claro: decir "agur" al trabajo en el que estaba. Liberarme de él cuanto antes, para poder disfrutar del verano lo más posible. No estaba a disgusto en el trabajo, ni mucho menos. Pero tenía claro que había que hacerlo así para así poder despedirme de todo el mundo, sin llegar a renunciar a todos mis planes de vacaciones.
Despedirme de los que habían sido mis compañeros durante el último año y 9 meses, no fue tan difícil como yo creía. Supongo que era porque tuve muchas cosas que hacer y bastantes cosas que dejar atadas antes de irme; y no me daba cuenta de qué era lo que estaba haciendo. Además, sabía que va a haber otro día para la despedida real.

El segundo paso, llegó solamente 3 horas después. Coger un avión para plantarme en Berlín, disfrutar durante una semana de esta gran ciudad y empezar con la primera despedida.
¿Qué decir de Berlín? Es una ciudad impresionante, que muchos describen como la ciudad alternativa de Alemania.
Uno de los alcaldes que ha tenido llegó a decir: "Berlin es pobre, pero es tan sexy...". y no le quito nada de razón. Creo que es una ciudad a la cual no me costaría mucho adaptarme, y un posible destino después de la vuelta de Mejico.
¿Qué decir de la noche berlinesa? Una palabra: ¡Puf! Berlín tiene todo tipo de fiesta, pero la más común es la electrónica. A mi no me va eso, y aun así no nos ha faltado ningún sitio para ir a dar una vuelta cada noche. He conocido bares normales, bohemios (de esos donde disfrutas de la cerveza y la musica chillout tirado en el suelo), antrillos, etc. Todos los que he visitado: me han encantado. Solo un pero: ninguno de ellos tiene ventilación, sudas como un condenado! Me chocó que en un edificio okupado pusieran música electrónica.

¿Y qué decir del día? Como es normal, el tío Garko, como buen turista que es, ha tenido que visitar monumentos, catedrales, etc (aunque menos de los que habría visitado un buen turista). Mi opinión es que hacen demasiada leña del arbol caído. El muro de Berlín y los judíos caídos en el holocausto están demasiado presentes en el ambiente Berlinés.
También hemos ido a ver cómo era un campo de concentración, concretamente el de Sachsenhausen. Fue una experiencia demasiado desagradable. Ha sido una de las pocas veces en mi vida que se me ha encogido el estómago y he tenido un malestar muy desagradable. Al ver todo lo que algunos eran capaces de hacer a otros seres humanos, se me quitaron las ganas de hablar con nadie, y lo único que quería era irme de allí.

Como conclusión, decir que igual mi madre tiene razón al decir que debería irme a Alemania en vez de a Méjico. Pero.... eso es algo que sólo el tiempo dirá si es verdad o no.

Ahora toca disfrutar del día que me queda en esta magnífica ciudad, y afrontar la primera despedida importante de alguien querido.


S.A. - Nos vimos en Berlín

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